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El fontanero frente a la orquesta. Se viene el nuevo pacto educativo.

enero 5, 2010

Según informaciones que nos acercan nuestros alados agentes, algo se está moviendo en el ámbito educativo: “El Gobierno y la oposición ven viable un pacto por la educación”

Y los mosquitos temblamos. Temblamos de solo pensar que asistiremos a un nuevo pacto educativo acordado por políticos y a lo sumo, por los sindicatos mayoritarios. Un fenómeno de la naturaleza que por común, no deja de sorprender. El fenómeno de legislar, organizar e intervenir en asuntos de los que no se tiene el conocimiento necesario, por no decir ni puñetera idea. Una tragedia similar al caso del informático preparado en el quirófano para realizar una operación a corazón abierto. El fontanero frente a la orquesta. El vendedor de seguros, con sus mallas y su tutú a punto de salir a escena. Y el cartel dice: El Cascanueces.

Podemos admitir que nuestros representantes no tienen que saberlo todo sobre todo. Pero sí legislan y deciden sobre todo y para todos.  Suponemos entonces que cuentan con asesores capacitados y que escuchan el consejo y las propuestas de todos los actores implicados en el ámbito educativo. Y que este consenso, fruto de la reflexión y el más amplio debate entre todos los protagonistas es luego incorporado al debate legislativo. Pero ahí es donde suele fallar la fórmula. La clase política, la que conocemos, la de carne y hueso que vemos todos los días, se aboca a un pacto por la educación. Ellos lo preparan, lo amasan, lo cocinan y nosotros lo comemos. Esa clase política, y no otra, va a realizar una operación a corazón abierto. La misma que vive cautiva de sus obediencias partidistas, de sus intereses electorales, de su componendas regionales, de sus negocios sucios, de sus odios y rivalidades internas, de su civismo de pacotilla, de su hipocresía, cinismo, y doble moralidad permanente, de sus privilegios; esa, va a rescatarnos del profundo desconcierto educativo reinante. Un pacto político por la educación es una mala noticia, porque deberíamos estar hablando de un pacto social.

Cuando la realidad pone sobre la mesa problemas o noticias que afectan a un sector específico (taxis, agricultores, pescadores, etc) uno pude sentir mayor o menor solidaridad, pero es lógico pensar que la solución la deben encontrar entre los grupos o sectores implicados. Sin embargo cuando el tema es la educación, la responsabilidad es de todos. La influencia que una determinada política educativa tiene sobre el desarrollo social, económico, tecnológico o cultural de un país es primordial. Por otro lado, si enumeramos a los actores principales en el ámbito educativo y los factores fundamentales que lo influyen, prácticamente nadie queda fuera: niños/as, jóvenes, profesores/as, directivos/as, familias, AMPAS, profesionales, catedráticos/as, religiosos/as, jueces, servicios sociales, investigadores/as, científicos, empresarios/as, sindicatos, políticos, legisladores/as y la lista sigue. Siendo tantos y tan variados los protagonistas, por qué la decisión de pactar y los puntos sobre los cuales pactar, será diseñada y aprobada por unos pocos?

Entonces surge una pregunta: serán capaces los políticos de abrir espacios y foros de debate y reflexión con todas las partes implicadas en la educación?

Cuando nos referimos a abrir espacios, no pensamos en un grupo de ocho expertos, representantes de distintas logias educativas que se reúnen tres veces y acuerdan un documento para presentarle a la comisión de turno (eso es exactamente lo que sucede y va a suceder). Abrir espacios de participación ciudadana es poner patas arriba la ciudad, tomarse el tiempo necesario; abrir grupos de reflexión barrial, en cada distrito, luego en provincias, comunidades autónomas y en todo el territorio; analizar de manera autocrítica las fortalezas y debilidades de cada uno de los actores, trabajar con teóricos y especialistas para que realicen diagnósticos profundos y acerquen estrategias; dedicar jornadas enteras en los centros educativos para que debatan directivos, profesores, alumnos y familias; preparar herramientas a través de la web que propongan guías de debate a los diferentes grupos y los conecte entre ellos; generar encuentros entre los legisladores y los protagonistas; obligar a los políticos a recorrer los centros educativos de todos los niveles; debatir en televisión, en radio, en prensa, en internet; acercar experiencias educativas de otros países más avanzados a los colegios, a las universidades, a los barrios; facilitar el debate; promover y educar la participación directa y el protagonismo social, dar ejemplo en el parlamento de educación, respeto, exigencia, altura, apertura. En esto sí que vale la pena gastarse el presupuesto (les suena Madrid 2016?).

Un pacto social por la educación antes que un pacto político. Esa es la jugada. Hacen falta jugadores.

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