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No despierten al abuelo

marzo 22, 2010

No despierten al abuelo. Déjenlo que siga descansando, deslizándose por su sueño eterno. Que no vea lo que ha quedado de todo aquello.

Días atrás, en Madrid, en el marco de la mesa de Diálogo Social que reúne a la patronal (CEOE), sindicatos (CC.OO y UGT) y Ministerio de Trabajo, irrumpió una nueva idea que, según sus impulsores era la que traería la solución a los graves problemas de empleo que atraviesa el país. La propuesta fue de esas que erizan la piel y de las que si hubiera en frente una sociedad normal, la habría llenado de indignación y la encontraría resistiendo en la calle. Nuevos contratos para jóvenes, de eso se trataba. En condiciones muy favorables: para jóvenes menores de 30 años, con una duración de 6 meses prorrogables a un año, sin cotización a la seguridad social, sin indemnización por despido y por el salario mínimo interprofesional. Si no fuera porque un mosquito nunca acierta, me arriesgaría a afirmar que era un contrato basura. Tenía toda la pinta. Cuestión que al día siguiente lo desmintieron. Nunca, pero nunca de los nunca jamases ellos sugierieron nada parecido. Por sus cabezas nunca pasó semejante idea. Igual, dijeron, habría que dabatir alternativas en esa dirección (eso quiere decir que pronto será una realidad).

Si el abuelo despertara y viera las condiciones en las que trabajan los jóvenes (si es que tienen empleo), probablemente desearía volver al cajón. Si viera el descaro y la impunidad con la que hoy día, aquellas personas contra las que se enfrentó en su juventud, sueltan propuestas escandalosas, practicamente esclavizantes, que borran de un plumazo todos los derechos por los que generaciones enteras dejaron la vida, es probable que deseara que lo dejen tranquilo bajo tierra. Pero si además de esto viera la apatía y la resignación de tantos trabajadores, jóvenes en el paro, adultos con toda una vida de trabajo en condiciones cada vez más precarias, tal vez se avergonzaría.

Durante el siglo pasado, en el seno de la sociedad se vivía una continua lucha entre fuerzas o clases. Esta dinámica social quedaba manifiesta en sucesos significativos, movimientos, revoluciones, represiones, protestas, organizaciones, nuevas represiones, etc. De esta manera se construyeron los derechos civiles en el siglo XX, a base de lucha y de sangre. Nunca imaginaron aquellos poderosos que vieron recortados sus beneficios a fuerza de conflictos, que un siglo más tarde, recuperarían el terreno y ganarían aún más, sin derramar una gota de sudor, ni pegar un tiro. Algunos creen que gracias a la TV. Otros que a base de deseducar a la sociedad. La cuestión es que la batalla por los derechos sociales y laborales la han ganado de manera indiscutible. Y el abuelo, aunque no lo sepa, la ha perdido.

Si hoy día, Díaz Ferrán y sus secuaces son capaces de jugar con la opinión pública de manera tal que más tarde o más temprano puedan imponer su “solución”, es porque la salud de esta sociedad está en las últimas. El tiempo que le queda es el que tarde en ir a reunirse con el abuelo.

Imagen: cortesía de Morgue File

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